He observado que entre los foreros hay algunos aficionados a las armas, pero creo (soy bastante nuevo y quizás no lo haya visto) que nadie ha publicado intervenciones más o menos relacionadas con este tema. Me decido pues a mostrar una pequeña restauración que he hecho en una carabina de aire emblemática y bastante antigua.
Se trata de una Webley Service MKII, propiedad de un amigo coleccionista empedernido que siempre me “enseña” sus adquisiciones y de paso, aprovechando mi “perfeccionitis”, suele llevárselas con alguna mejora de su estado.




En este caso, a pesar de estar algo ajada en cuanto a pavón (poco le queda ya), se puede decir que mecánicamente está bastante completa. Habrá que desmontar y quizás retocar alguna pieza porque a veces cuesta que enganche al montar, pero poco más... Lo que si es evidente, es que el alza está incompleta. El “british” que se la vendió, supongo que para mejorar la apariencia y por tanto valoración, tenía instalada una hoja de alza cutremente manufacturada en aluminio y “pintada” a rotulador. La ruedecita de accionamiento de la citada hoja del alza, por descontado que está “missing “.

Una vez desmontada, tienen una apariencia tal que así:

Hoy en día, Internet solventa eficientemente la dificultad con que antiguamente se topaba ante un caso similar de desconocimiento de la apariencia de las piezas faltantes. Navegando un poco, encuentro una foto que ilustra bien como es un alza de este tipo de arma:

Bien, analizando la problemática llego a la conclusión que la hoja no tiene mayor complicación que darle a la lima abundantemente, pero ante la necesidad de hacerme la rueda de graduación, tras unas comprobaciones básicas, se me suben los colores a la cara...
Resulta que la rosca del espárrago original que aún existe, son de un paso un tanto raro. Supongo que siendo un arma británica debo “pensar” en pulgadas. Mediante pie de rey, compruebo que el diámetro del interfecto es algo así como 3,7 milímetros... Lo más parecido sería un 5/32 que tiene una medida métrica teórica de 3,96 mm. Supongo que las crestas algo romas, producen esta diferencia. Mediante cuenta-hilos constato que posee 36 hilos por pulgada. Raro, raro, raro... En whitborth, estamos por los 32 hilos. Repasando la literatura que tengo a mano no encuentro nada de 36 hilos por pulgada excepto la nº8 de UNF (Sae), que tiene un diámetro de 4,165 mm. Supongo que debe ser una versión fina de whitborth, pero me doy cuenta que, además para más INRI, es rosca a IZQUIERDAS. Por lo tanto, tengo claro que no voy a comprarme un juego de machos de un paso que quizás llegara a averiguar, pero que además es zurdo y no usaré en mi vida... Por muy amigo que sea el amigo, no pienso hacer ese desembolso.
Tozudo que es uno, me planteo hacer la rosca a torno... Jamás hice algo tan pequeño.
El primer paso es fabricarme la herramienta.
A partir de una barrita de metal duro y mediante muela, configuro más o menos la cosa y luego a base de “dremel-chinorri” y paciencia acompañada de mano firme, lente de aumento y más paciencia, logro mi propósito.


Dar los consabidos 55º no resulta fácil. La comprobación será a ojo, lógicamente, comparando con la clásica “cola de pez” a través de una lente de aumento...

Disponiendo de la herramienta, es hora de pergeñar la ruedecita de doce milímetros de diámetro con un grosor de tres milímetros y un agujero de 3.25 mm. Al torno la mecanizo, le practico el moleteado y la taladro:



Para sujetar esta piececita necesito un accesorio. A partir de un tubo que me encuentro en la caja de retales, mediante un rebaje frontal, hago el alojamiento para la ruedecita.

Mediante radial, practico tres cortes mas o menos equidistantes para que permitan el constreñimiento de la ruedecilla

Y sale una pieza así:

Y procedo a roscar. Os confesaré que no me salió a la primera... Es que lograr la altura correcta de la herramienta para que así como practica los surcos por un lado, no los borre por roce por otro, no es tarea fácil. Y a mi me llevó unas pruebas (mejor lo dejamos así y no cuento detalles penosos), tras las cuales triunfé plenamente. La exactitud de la rosca la logré mediante pruebas de “pasa-no pasa “ del tornillo original. Tengo que decir que me quedó muy bien y que no tiene nada de alabeo, cosa muy perjudicial teniendo que arrastrar arriba y abajo la lámina de la mira.

Primera prueba superada.
Seguidamente procedo a “inventar” puesto que idear a partir de una foto la pieza, no deja de ser una especie de invento. A partir de una barra exagonal y mediante el sistema de fresado cutre acoplado al torno (algún dia de esos tendré dinero y sitio para comprar una fresadora, espero) voy dándole forma

Primero rebajo una porción a la medida máxima de la lámina a fabricar y en el extremo unos milímetros rebajados a 7,5 que es la medida del agujero central del alza. Apoyando sobre dos caras enfrentadas, conformo aproximadamente lo que serán la “alas” y luego apoyando en las demás caras, rebajo hasta prácticamente alinear con la sección de 7.5mm. Que mediante lima acabaré de redondear.

La entalla por donde actuará la ruedecita la hago a continuación.

En la otra parte también practico un cilindro de 7,5 que será la guía a la hora de rebajar a lima.

Una vez cortado, llega el momento de darle a limas, limatón, tela esmeril, etcétera hasta lograr el objetivo.

Tras estampar los números pertinentes en la ruedecilla, hay que conseguir una especie de pavonado desvaído que entone con lo que queda de origen en el arma.

Esto lo consigo calentando las piezas con un decapador de pintura para poder ir controlando el color que toma el metal. Alrededor de los 240-250 grados, va adquiriendo una tonalidad amarillenta-marrón. En este punto sumerjo las piezas en pavonador en frío. En este caso es uno industrial, pero quizás valdría también alguno de los que se venden en armerías.
El resultado, tras aceitado, y unas pasadas de lana de acero, parece bastante convincente. Quien lo sepa o indague insistentemente verá que las piezas no son originales, pero a primea vista dan perfectamente el pego. En todo caso mucho mejor que la pieza de aluminio que llevava cuando llegó a mis manos...

Perdonen la lata si no les gustó, pero con que a uno le haya interesado ya valió la pena andar fotografiando el proceso y teclear la torpe explicación...
Saludos.