Sí, lo de conseguir piezas con más precisión que las de la máquina que las hace parece un misterio.
Pero es lógico: Imaginemos que quieres hacerte un engranaje de 73 dientes (creo que es primo) y no tienes un plato del divisor que tenga ese número de agujeros. Pues bien lo haces más o menos a ojo, con un disco preparado en el torno. Marcas el círculo de los agujeros con un compás y divides este en los 73 tramos de aquella manera, tanteando con el compás hasta dejarlos más o menos bien.
Marcas con el granete y haces los taladros sujetando el disco a mano en el taladro de columna. Te queda como te queda, con errores típicos del orden de medio mm (por poner algo). Luego montas ese plato en el cabezal divisor (con corona de 40 dientes) y con ayuda de tu cutre-disco, haces el siguiente, también torneado en el torno y montado en un eje que montas en el cabezal divisor y haces los taladros del nuevo disco usando el primero para las divisiones.
Pues bien, es de cajón que el nuevo es mucho más preciso que el inicial hecho a mano, pues divide los errores angulares del primero por 40. Lo que en el primero eran errores de medio mm ya son solamente de alguna centésima.
Y así con todo.
Una talladora de engranajes clásica lleva un montón de ruedas dentadas. Pero solo en algunas de ellas la precisión resulta crítica. La mayoría funcionan "en alta velocidad", de forma que sus imprecisiones se dividen con las desmultiplicaciones de los mecanismos finales. Y solamente los grupos corona-sinfín del final de la cadena sí que resultan críticos: cualquier imprecisión en ellos se reproduce fielmente en la pieza que se talla.