Hola. Os presento una de esas pequeñas cosas que tenemos siempre en la lista de temas pendientes y que por fin he podido tachar.
Se trata de un sistema para tener la llave de inmovilización del contrapunto siempre en su sitio, sin tener que cogerla y dejarla cada vez que se tiene que apretar o aflojar la tuerca. La idea es que la tuerca y la llave formen un solo conjunto. Esto , en la posición en que está la tuerca, solo es posible si el contrapunto es lo suficientemente robusto como para que el apriete de la tuerca se consiga girando la tuerca un pequeño ángulo. Ese es el caso de mi torno, cuyo contrapunto es contundente, de los que pesan lo suyo.
Así que me puse manos a la obra. En primer lugar un prototipo de madera, para poder ajustar y verificar las dimensiones definitivas. Es necesario que el invento no tropiece con el charriot en la posición en que este está lo más acercado posible al contrapunto. Queda una pequeña rendija, por la que pasa el mango de la llave, al apretar y aflojar. La cosa es posible, aunque anda justita:

Empiezo por el cuerpo de la tuerca. La rosca que tiene que llevar viene obligada por la del tornillo, que está empotrado en el taco que aprieta por la parte inferior interna de las guías de la bancada. Es una rosca Witworth de 13 hilos por pulgada. Ajusto los engranajes de la lira, cambiando una rueda de 127 dientes por una de 120. Me preparo la cuchilla de roscas interiores, afilándola con la punta a los 55 grados que llevan las roscas de este tipo. Y en un buen rato está la rosca hecha:

En las pasadas finales la voy comprobando con otro tornillo del mismo diámetro y paso que tenía por ahí y, finalmente, con el que tiene que formar pareja:

Vamos ahora con el mango de la llave. Para que se pueda colocar el conjunto de tuerca y llave, es necesario que el mango sea desmontable, pues como el tornillo va empotrado en el taco de apriete, no se puede girar, así que tendrá que girar la tuerca, mientras se sujetan taco y tornillo desde abajo. Y, evidentemente, no se podrá girar la tuerca en su sitio si el mango está unido a ella, pues no hay sitio en la "hornacina" del contrapunto donde estará situada.
Aquí es donde estuve dándole al coco tiempo y tiempo, hasta que se me ocurrió cómo hacer el mango desmontable: irá encajado en una ranura en cuña con sección en cola de milano. Así, una vez puesta la tuerca en su sitio y enroscada en el tornillo (salvo el último apretón), se mete el mango de frente y con un pequeño golpe, queda encajado en la ranura, perfectamente empotrado en ella, igual que un portabrocas con cono morse se encaja en su alojamiento.
Un detalle a cuidar es el que hay que prever un sistema que permita sacar el mango, por más prieto que haya quedado. Por detrás no se le podrá golpear para sacarlo, puesto que no habrá sitio. Pero bastará con hacerle un pequeño taladro en el que encajar el tetón de una llave con la que haciendo palanca, salga fácil. Esta llave se verá más adelante.
El mango, para que no moleste, necesito que tenga una forma curva un poco caprichosa y no tengo pletina tan ancha, así que lo hago en dos piezas, soldando una a otra. He usado unas pletinas de 45x6, de acero muy fuerte que tenía por ahí, que eran de las que sujetan el respaldo de unas sillas de oficina de esas de ruedas, que fueron a la basura de viejas, pero me guardé las pletinas, como fiel discípulo de Diógenes:

El ojal que lleva no es por estética sino para que, si llega a quedar sobre el nonius del charriot, permita ver a su través, como se verá en la última foto.
En la parte que irá encajada en la parte superior de la tuerca, le hago unos costados con los cantos inclinados a 12,75 grados (aproximadamente) con la vertical, inclinando el cabezal de la fresadora. Este ángulo es el que forma con el eje cada filo de la fresa de cola de milano que usaré para la ranura de la parte superior de la tuerca. Estos ángulos eran, según lo que figura en la caja de la fresa, de 14 grados, pero midiéndolos con cuidado realmente son de algo menos de 13 grados: los 12,75, más o menos.
Esos dos costados van en cuña uno respecto del otro. El ángulo entre ellos es de 4 grados (un poco más que el de los conos Morse).

Y vamos con la parte superior de la tuerca. Primero un plano inclinado a unos 14,6 grados con la base, colocando la tuerca inclinada en la mordaza, calzada con una cuña que me preparé con unos tacos de madera. Fácil. Luego, sin mover la pieza, pero con la mordaza girada 25 grados en horizontal, la ranura en la que encajará el mango.
Primero se hace con la fresa recta, con la misma cuña de 4 grados, girando 2 grados la mordaza a un lado y luego otros dos hacia el otro, desde la posición central de 25 grados:

Y ahora lo más difícil: la cola de milano. No tengo fresas de este tipo específicas para acero, pero sí una de esas para madera, con mango de 8mm, de las que vienen una docena de diversos tipos en una cajita de cuatro perras. Pero como tiene dos filos de metal duro, quizá aguante, a pesar de que el ángulo de filo sea, seguramente, demasiado agudo para trabajar acero. Pero tras una prueba que hice con un recorte, parece que puede valer... Y efectivamente, resistió la prueba. Se comportó como una campeona. ¡Bien! El fresado con ella lo hice a 1440 rpm y con un avance lento, de 31,5 mm/minuto (0,011 mm por diente). Aquí se ve fresando el primer costado, con pasadas finas, de unos 0,5 mm

En las últimas pasadas del segundo costado, tocó verificar y ajustar el ángulo horizontal de la mordaza, de forma que el ajuste del mango en la ranura fuese perfecto. Para verificar dicho ajuste, la idea es usar un par de laminitas de chapa calibrada, puestas en el mismo costado, una cerca de la entrada y otra cercana al fondo. Si una queda justa y la otra suelta, toca corregir algo el ángulo de la mordaza:

Para hacer dichos ajustes de forma controlada, me vino de perlas este invento:

Es un pequeño chasis bien sujeto a la mesa de la fresadora, con un tornillo sirviendo de tope regulable del giro de la mordaza, pues aunque la base giratoria de esta está graduada, no permite conseguir la precisión necesaria. Con ese tope sí que se puede ajustar de mimo. Al final, tras tres pequeñas correcciones, quedó el ajuste perfecto, quedando ambas laminitas igual de atrapadas.
Aquí el cuerpo de la tuerca, con la ranura terminada, el mango y la fresa, junto con sus hermanas de caja. A la derecha la cuña para calzar la tuerca en la mordaza:

Ya solo quedan las operaciones finales: probar las piezas, recortar el mango hasta su forma definitiva, tornear el cuerpo de la tuerca, adelgazándole algo y un paso de todas por el salón de belleza:

Tras lo cual quedan terminadas. En la siguiente foto se ven también una generosa arandela, con una buena chaveta inferior que encaja en el alojamiento del contrapunto, para limitar los juegos del conjunto a lo imprescindible y, en primer plano, la llave que permite desmontar el mango por más fuerte que haya quedado encajado (un recorte de pletina con un tornillo allen M6 aotornillado a ella):

Y unas pocos fotos más, mostrando cómo queda, puesta en su sitio. En esta primera, en la posición en la que el contrapunto está libre, con la tuerca floja:

Desde esa posición hasta que empieza a apretar hay unos 60 grados de giro horizontal libre. Luego, otros 35 en que aprieta, que suben a 40 apretando al máximo (haciendo el animal), como se ve aquí:

y aún quedan otros 5 a 10 grados de "reserva", antes de que el mango llegue a la posición en que tropieza con la parte izquierda del contrapunto.
En esta otra se ve cómo la llave, libra (por poco, pero libra) en la posición de máxima aproximación posible del charriot:

Y, para acabar, esta otra en que se ve la utilidad del ojal del mango:

Espero que os haya gustado. Yo he quedado contentísimo con el invento.