Estaba paseando yo mismo por el Bosque de las Vulpes (llamado así porque al parecer hay muchos de estos bellos y tan buscados seres) cuando en la lontananza (un sitio que parece lejano pero que llegas sin darte cuenta) escuché gemidos que parecían de auxilio.
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Ohhhhhhh, ahhhhhhhhhhh, ohhh, ahhhhh.Presto me acerqué al lugar porque una de las voces se me antojó la de una Doncella en apuros. Y la otra, de vasto villano.
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¡Alto quién va! ¡Liberad a la Doncella o vais a probar mi acero TORledano! (Esta frase siempre acongoja mucho al enemigo y suele dar buen resultado, lo malo es si te sale uno que te planta cara, entonces…)
Entre unos arbustos pude ver como corría un hombre que de seguro era un truhán (sólo corren los truhanes, los Caballeros pasean) y como una hermosa Doncella yacía recostada arreglándose sus vestiduras.
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¿Estáis bien buena Doncella? Suerte tiene ese truhán de no haber caído en mis manos.-
Sí, sí no ha pasado nada.
- No tengáis miedo, ahora mi espada está a vuestro servicio. ¿Pero que es esa bolsa de oro que está a vuestro lado?
- ¡Mira! se le habrá caído.
- Pues quedároslo y cobrad con ella la afrenta que os ha querido hacer. No es este lugar para una Doncella ¿estáis perdida?
- Pues no, estaba yo por aquí para ver si encontraba un…
- Os comprendo, yo a veces también busco la soledad en este lugar.
- Bueno, soledad, soledad precisamente pues como que no…
- Respetaré vuestros motivos que una Doncella explicarse no debe cuando sus males son de amores. Y la soledad es buen remedio para olvidar. Deberíais llevar arma para protegeros.
- Vamos, armas, armas, no, llevo lo que llevo ¿no os parece suficiente?
- No para este lugar. Mientras esto le decía me quité el cinto para sacar un pequeño cuchillo que siempre llevo.
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Tomad este pequeño y humilde presente para vuestra protección.Tomando el cuchillo, levantó su recién colocada falda y señalando la parte superior de su muslo, casi cadera (por cierto la pobrecilla había perdido su ropa interior probablemente luchando por su honra frente al villano), me dijo:
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¿Aquí estaría bien cariño? ¿O aquí, mi vida? dijo cambiando la ubicación y colocando el cuchillo entre sus jóvenes y virginales senos. Me parece que te va un rollo medieval. Pero no te preocupes, aquí tienes a una persona preparada para entenderte.Fue entonces cuando se lanzó sobre mi cinto, el cual estaba acabando de ceñir, al grito de:
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¡¡¡Os ha picado mi Señor, mi Caballero, dejadme que sacrifique mi vida por Vos!!!Con la habilidad de un sastre cortesano quitó mis calzones gritando:
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¡¡¡La serpiente os ha picado!!! hay que, presto, sacar el veneno.Yo no había notado picadura alguna pero me fié de aquella Doncella que por la sinceridad y dulzura de su voz parecía conocer perfectamente lo que debía hacer.
Postrada ante mí, sujeto entre sus manos mi órgano viril y al grito de “os voy a salvar” empezó a succionar el veneno. Mi sorpresa inicial se convirtió en convicción ya que recordé lo que aquél físico de un pueblo me había dicho (tras sufrir yo herida por vil arma bajera): por ese órgano entran y salen todos los males humores del cuerpo”.
Efectivamente mis pensamientos se tornaron en certezas ya que aquel órgano presentaba una inflamación propia del más mortal de los venenos.
Tras un rato, breve para mí, de aquel generoso gesto, noté como mi cuerpo emana por el mencionado lugar todos sus males. De hecho incluso noté un pequeño vahído y, al pronto, un sensación de paz y bienestar. El veneno había salido.
Casi yacente, miré aquellos ojos que emanan virtud y dije:
- Me habéis salvado la vida.
- La vida no se, pero que estabais a punto de reventar sí.La generosa y heróica doncella me recomendó que debiera caminar. Alejarme, para hacer que el poco veneno que pudiera quedar en mi cuerpo gracias a su valor, se diluyera. No quería agradecimientos. Seguro que el destino nos volvería a unir.
No si antes besar con respeto su grácil mano, decidí hacerle caso pues era lo menos que le debía tras su gesto supremo.
- Parto con vuestro recuerdo en el corazón. Siempre os quedaré en deuda.
- Y Vos quedáis en el mío. Pero no os preocupéis que la deuda está saldada.Colocando como es de decoro mis ropas partí.
Llevaba una hora, aproximadamente, (no llevaba un Reloj TOR, los mejores de la Corte) cuando al recolocar la espada en mi cinto, no bien ajustado por la premura de la partida y el mareo del momento, noté que me faltaba la bolsa de dineros que siempre llevo en ese lado. Y no me había cruzado con Montoroferatur.
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¡Cielos (me dije a mí pues no había nadie más)
mi fortuna perdida. Entonces reflexione con la rapidez de un arquero ante el enemigo y me di cuenta que con la gravedad del momento y la admiración hacia aquella heroica Doncella me debía haber caído en aquel lugar.
Debía volver, y lo hice, porque además notaba que mi órgano continuaba inflamado y tal vez debiera volver a realizarme otra cura aquella Doncella, valiente, honrada, dispuesta, generosa…
Datos técnicos:Hoja forjada de acero al carbono de unos 6 centímetros, simil hoja lauri, realizada con reciclado de hoces muy oxidadas. La tenía hace tiempo como patrón, pero en un descanso de este puente viendo que deseaba tener su protagonismo y teniendo a la vez un trozo de cuerno sobrante (no mío gracias a ManiTOR) un taco (con perdón) de olorosa madera, y un tapón "filigrana" comprendí que era de justicia que tuviera su oportunidad. Va a quedar la hoja sin pulido "palaciego", quiero que se noten esos pequeños puntos de la forja. Es más real.
Asta de reno. Lo llevaba en un trineo un tipo gordo vestido de cocacola con cara de ácido úrico. Murió agotado (el reno).
Tapón filigrana en cilindro de hueso de camello (resto del ya mencionado en otro tema fallecido de hipertensión).
Madera, pues lo tengo en la punta de la lengua. Jdr, jdr, mida do ved ed que no me sadle.
Guarda con maravedí de plata encontrado tras un saqueo.
Pequeño pero suficiente para salvar la honra de una Doncella y mi vida...
http://img11.imageshack.us/img11/1566/7vmd.jpg[/img]]
TOR
P.D.: estoy buscando las otras fotos. Paciencia, paciencia que revelar estos negativos grandes de cristal es jodido.