CAP 01
No acepto trabajos extraños. Extraños en cuanto que no los haya elegido yo. Y si alguna vez lo hago es con la condición de no ser presionado, y de no tener fecha de finalización concreta. A veces el reto que supone o la exposición por parte de quien me lo pide me predispone a su favor. En fin, como todos supongo. Además no soy relojero, es un arte cuyo estudio en profundidad tengo reservado para cuando el júbilo me invada, si la presbicia, la alopecia y otros pequeños impedimentos de la vejez me lo permiten.
Bueno este es el sujeto de este “hilo”:

Y aquí comienza el objeto:
Este reloj me llegó desahuciado. Su dueño, un compañero de trabajo, lo había llevado a todos los relojeros que pudo, incluso fuera de España. Yo acepté el encargo. No quiero decir con eso que yo sea único sino que no voy a estimar las horas invertidas. Cobraré un precio simbólico y serán muchas horas. He avisado a mi compañero de que no es un Omega SpeedMaster, ni un Rolex, ni ahora ni cuando nuevo. Nuevo podía terminar el día con +/- 5’. Adelantar cuando tenga poca cuerda y atrasar recién dada. Mi compañero sólo quiere volver a verlo “latir”. Me relata que perteneció a su abuelo que era gaucho allá en la Argentina. Yo me imagino al abuelo cabalgando por la Pampa, mientras rebolea las boleadoras… Y debió tener algún tipo de accidente con el arma: o bien golpeó el reloj con el artilugio mientras lo blandía o bien se golpeó él en salva sea la parte y arrojó el reloj, el mate y la bombilla contra el primer guanaco que pasaba. Después volvió a la estancia y sentado a la puerta del galpón meditaría sobre su suerte. No pudo ahogar las penas con el alcohol porque no tenía ningún boliche cerca.
Describiré la situación: Reloj de bolsillo tipo Roskopf, caja de acero, esfera con los daños propios de algún relojero poco escrupuloso pues tiene la cerámica saltada justo entre las 12 y la 1, donde están las patas que la sujeta al movimiento. No funciona por supuesto y al moverlo suena algo suelto en su interior: suficiente para asustar a cualquiera. Abierto y en una primera observación veo que el eje del volante está bien, no tiene pivotes rotos, aunque el propio volante esta inclinado con respecto a su eje. El áncora está bien. La rueda de escape está fané y descangayada; se mueve y da la impresión de tener un pivote roto: si se salva al menos uno, el trabajo será la mitad. No hay más remedio que desmontar para apreciar.

Las ruedas están bien, no tienen ningún diente roto. Aunque en la imagen el muelle real parece estar partido no es así. Estos relojes incorporaban un sistema para evitar sobrepasar la tensión dada y resbalar en la sujeción al barrilete. Por lo tanto está bien y no ha perdido tensión; eso significa que podrá tener más de un día de cuerda. Algún piñon del sistema de remontuar (francés=remontoir) está algo gastado. El áncora ha sido reparada alguna vez pues una espiga es más larga que la otra.
Los relojes tipo Roskopf tienen una sub-platina para el volante, áncora y escape que están soportados por puentes independientes. Esta platina es la 1ª por la izquierda de la fila central. En el cuerno inferior de la media luna de la sub-platina, podemos ver una ranura alargada que termina en un orificio arriba. Un tornillo permite separar esta ranura y con ello variar el ataque de la rueda de escape sobre las espigas del áncora. Este tornillo es el causante, al aflojarlo posiblemente, de que se haya reparado dicha áncora. ¡Recordad esto si cae un Roskopf en vuestras manos! Va anclada sobre la platina principal, 1ª izda. Fila arriba, sobre un perno y cogida por un tornillo a la misma. Este tornillo, de acero templado y por lo tanto frágil, se ha roto

posiblemente por un golpe (¿las boleadoras?) liberando a la subplatina y rompiendo los dos pivotes de la rueda de escape que habrá golpeado contra la rueda de segundos o con la otra platina. ¡Qué descalabro! He aquí la rueda despivotada:

Aunque hay técnicas para perforar lo que queda de eje e introducir un pivote nuevo, -yo tengo una herramienta para ese menester pero no tengo brocas-, es una tarea bastante ardua. También se ha roto un rubí, un cojinete y no tengo la potencia Leitz ni fornituras. Así que me decido por una solución: quitar los dos rubíes, el del puente y el de la platina, y poner unos “buchones” (tapón, bouchon, bush, bushing) cojinetes de metal. Después volver a hacer los pivotes en la rueda de escape. Como la longitud del eje está acortada por la pérdida de los pivotes originales, los buchones me permitirán regular la nueva cota de esta rueda. Teniendo en cuenta que las alas de su piñón tienen que quedar a la altura necesaria para ser atacadas por la rueda de segundos y, sobre todo, que sus dientes y caras de impulsión queden a la altura de las espigas del áncora.
Aquí tenéis una bonita animación del funcionamiento del volante, áncora y escape de este reloj y corazón del mismo.
Merece la pena la web completa. El sitio es pulcro y bien cuidado, como tienen que ser los relojeros (watchmakers) de verdad, entre los que no me encuentro.
Traduzco el epígrafe que está en la cabecera de la animación para los que no saben inglés como yo:
“Guenther Glaser dice en la Horological Encyclopedia que el escape de espigas (pin pallet escapement) fue inventado por Perron en 1798 y usado de una manera profusa en relojes de bolsillo por E. G. Roskopf desde 1813 a 1889. ¿Pero quien es Perron? No podría decirlo porque ni yo mismo lo sé. Pero lo que sí sé es que este tipo de escape mostrado aquí es muy usado en los despertadores.”( Volker Vyskocil)
Y esta es la URL de la animación:
http://www.clockwatch.de/html/tec/hem/sta.htmBonito ¿verdad?.
Bueno estas son las herramientas involucradas:
Un torno Lorch Schmidt de 8 mm con pinzas y algunos accesorios, muchos pero siempre falta el más necesario.
Una punzonadora o remachadora con punzones y tases.
Juego de destornilladores.
Compás de centrado o compás de ochos.
Escariadores
Buril vídia o acero. Yo uso siempre que puedo el de vídia.
Limas para pivotes y bruñidores.
Piedra “Arkansas” o piedra “cándida”. Me gusta la de perfil triangular.

Pinzas de diferentes tipos. Hay muchísimas y cada una tiene su nombre, normalmente con raíces del francés.

E instrumentos de medida. Estos pequeños “pies de rey” del siglo XIX los utilizo para mediciones del espacio entre rubíes o contrapivotes. Aunque no tienen escalas graduadas, por comparación se obtienen las medidas necesarias.

Bueno lo primero es desmontar la rueda de escape, desenclavarla. Yo no creía que fuera posible pero se hace. Tomamos la remachadora, aflojamos el freno de la mesa circular y elegimos el mínimo orificio por el que penetre el piñón de la rueda, sin forzar. A continuación sacamos la rueda y con el punzón de centrar centramos el orificio elegido, después frenamos la mesa. De esta forma el pasaje del punzón en el brazo de la remachadora, el propio punzón por lo tanto y el eje de la rueda están en línea. Colocamos la rueda sobre la mesa circular, el piñón entra por el orificio y el escape queda apoyado sobre la parte circular. Elegimos de la caja un punzón de punta plana, lo introducimos por la parte superior hasta que apoye sobre la “punta” rota del eje. Unos golpecitos, con mucho tacto, con el martillito… y el eje cae dejando la rueda sobre la mesa.

La aplicación de la fuerza precisa y necesaria es muy importante en todas las operaciones de relojería.
El libro de justicia de Rusito no creo que sirviera.
Podemos apreciar en la última foto que la parte del eje que recibe la rueda es cónica.
Y hasta aquí este primer capitulo. Hay más. Si queréis claro está.
Saludos:
Dédalo