Una de las primeras intervenciones ha sido regenerar una de las muescas de una de las tuercas anulares del lado derecho. Muesca que faltaba porque, casi con seguridad, por malos tratos, algún salvaje la había roto al montarla o desmontarla a golpes (en lugar de hacerse con la llave adecuada o fabricársela, que es algo relativamente sencillo):

Son muchos los síntomas de malos tratos en este torno. Yo creo que cuando uno se encuentra con la necesidad de desmontar algo que se sabe que requiere precisión, no puede liarse a martillazos, sino que tiene qué pensar cómo hacerlo con sensatez, procurándose las llaves y palancas necesarias y, si no le resulta fácil comprarlas, hacérselas, lo cual no es nada complicado en un caso de estos.
Pero está claro que hay mucho borrico suelto, más sobrado de fuerza que de maña. ¡Qué manía les tengo! Les daba yo de martillazos en los huevos...
Bien. Repasando esta tuerca se aprecia la fisura en la zona en que se rompió, reparada en la parte exterior con soldadura, lo que anula una de las seis muescas iniciales de apoyo de la llave para apretar o aflojar la tuerca.
Evidentemente no es prudente fresar la muesca justo donde estaba, ya que ahí está la unión soldada. Así que lo que hago es fresar dos muescas, una a cada lado de la que falta. En un momento está hecho:

De esta forma la tuerca se podrá aflojar y apretar como es debido, con la llave adecuada. Sin esas muescas, era harto difícil y solo se podía hacer golpeándola con una barra intermedia.
Detalle de la tuerca con las huellas de la barbarie:

A continuación, pensando en que cuando tenga que volver a montarlo todo no tendré disponible el torno para prepararme casquillos u otros elementos auxiliares que tenga que usar en el montaje, reflexiono intentando adivinar qué pueda necesitar.
Y me preparo un suplemento que, intercalado entre la tuerca anular que sujeta el casquillo de bronce izquierdo por el interio y uno de los piñones, servirá para empujar este sobre el eje, liberando de la fuerza necesaria al rodamiento axial, para evitar que se dañe. Está hecho en dos mitades, unidas por dos tornillos para poderlo desmontar una vez usado:

Taladro central, con varias brocas de diámetro creciente:

Y remate con el mandrinador. Incluyendo un pequeño rebaje, necesario para que en él quede sitio para una de las pistas del rodamiento axial. Este rebaje se hace usando la posibilidad de refrentado que tiene este mandrinador, que es de los automáticos, que permiten variar el diámetro de mecanizado de forma continua, mientras está trabajando:

Una vez preparado este útil, hago una prueba de montaje, tras haber comprado unos rodamientos axiales SKF del mismo modelo que los que tenía: 51109. Lo hago, para ver lo centrados que quedan y a poco me da un pasmo: tras montar el eje con ellos, aunque sin los elementos que van flotando (algunos piñones y otros casquillos) y comprobar con el comparador, queda bastante peor que antes: unas diez centésimas de baile axial, tras haber ajustado a cero la holgura de los rodamientos. Un desastre.
Lo desmonto todo de nuevo y me pongo a revisar el estado del husillo en las zonas de asiento de las pistas de los dos rodamientos axiales, que van situados a ambos lados del casquillo de bronce del lado izquierdo.
Veo que esa zona está hecho un pequeño desastre. Lo que siendo nuevo el torno seguramente eran unas superficies perfectamente rectificadas, están como un patatal, consecuencia de la ineptitud de algún operario borrico que se piensa que la tuerca y contratuerca del extremo izquierdo del husillo han de apretarse fuerte contra los rodamientos axiales.
En realidad estas dos -la tuerca y contratuerca extremas-, han de apretarse fuertes la una contra la otra, para que no se aflojen, pero con el tacto necesario para que ejerzan solo una pequeña fuerza sobre los rodamientos axiales, impidiendo que exista juego, pero sin apenas precarga, pues de lo contrario, como comprobé más adelante, el rodamiento se frena enseguida.
Casi con seguridad, algún inepto apretó bien ambas agarrotando alguno de los dos rodamientos axiales (o seguramente los dos), lo que originó que el torno funcionase deslizando alguna de las pistas de los rodamientos sobre la pieza contigua, lo que resulta obvio viendo las consecuencias: desgaste anormal tanto en la zona de asiento de dichas pistas sobre el husillo como sobre la de uno de los piñones sobre el que apoya el rodamiento más a la derecha. Vamos, una pena.
Para repasar y reparar en lo posible esas zonas dañadas, me viene bien el hecho de que su diámetro sea 45 mm, justo el de unos rodamientos de bolas grandones, que tenía por ahí, heredados de mi suegro. Haciendo entrar uno a la fuerza (con muchísimo cuidado), veo que desliza bien en la zona central de ese tramo y se agarrota en las dos zonas extremas del mismo, que son las ocupadas por los rodamientos axiales:

Así que pintando esas zonas y luego forzando el rodamiento en ellas y retirándolo, consigo que arañe las zonas más elevadas, arrancando la pintura y señalando dónde debo actuar con lima o lija. Al principio pruebo con una lima finita, pero es agotador porque el material es durísimo, ya que seguramente estará templado:

Luego voy probando con una piedra de afilar y también con trocitos de lija enrollados sobre la lima. Poco a poco voy reparando esas zonas hasta que, en el caso de la del lado izquierdo, el rodamiento ya entra bien sobre ella. La de la derecha, mucho más desastrada, tras un montón de ciclos de pintura, entrada y salida forzada del rodamiento y repaso con la lija, la dejo por imposible y cambio el método.
Voy a montar todo el husillo, con sus cojinetes de bronce como apoyos, sobre la fresadora, preparándome unos soportes de madera que sujetarán firmemente todo el conjunto sobre la mesa. Luego, poniendo un tope en el lado derecho del plato, usaré la fresadora como si el conjunto de plato y husillo estuviese montado en un cabezal rotativo, para de esta forma repasar con una fresa de metal duro las zonas dañadas, tanto la del propio husillo como la cara izquierda del piñón que está en contacto con el rodamiento axial derecho, que estaba también muy deteriorada, como consecuencia de haber estado dicho rodamiento deslizando su pista derecha contra él. Es una suposición mía, pero es casi seguro que algo así ha pasado.
Para los soportes de madera, me preparo dos cuadrados uniendo con tornillos unos listones, que luego monto en el cabezal desplazable y este en el cabezal divisor de la fresadora. Tras centrarlo bien:

le hago a cada uno el agujero cónico para que en él ajuste bien el casquillo cónico de bronce. Para ello, inclino un pequeño ángulo el cabezal portafresas. De esta forma, al fresar así, girando la pieza con la manivela del cabezal divisor, queda hecho el taladro cónico:

Una vez preparados estos soportes, monto con ellos todo en la fresadora, comprobando con todo cuidado que el husillo queda bien alineado:

En el extremo derecho, va una escuadra cuya posición y calidad de la cara izquierda repasé y comprobé con todo cuidado, con el comparador. Esta escuadra hace de tope derecho de todo el conjunto, pues en ella apoya la cara plana del vástago de una fresa de metal duro sujeta en el plato:

Compruebo el deterioro de la cara izquierda del piñón: unas siete centésimas (una barbaridad). Y el de la zona del husillo sobre la que va la pista del rodamiento axial:

Otras dos centésimas: otra barbaridad. No es de extrañar los bailes que señalaba el comparador en piezas recién mecanizadas y rectificadas antes de retirarlas del plato.
Así que toca fresar estas superficies para dejarlas bien.
Con unos listones, me preparo un par de mangos de madera con los que girar bien el plato cuando inicie el fresado: encajándolos alternativamente en la parte extrema de las ranuras del plato en que van montadas las garras, puedo girar el conjunto lentamente de forma continua y controlada, haciendo a la vez fuerza hacia la derecha, de forma que esté siempre haciendo tope contra la escuadra:

Acerco el conjunto a la fresa:

Y empiezo a dar pasadas muy finas, comprobando a cada poco con un pie de rey de reloj que me da mucha confianza:

Y lo mismo con la cara izquierda del piñón. Primero la pinto de negro y voy fresándola a pasadas finas, comprobando como se va limpiando la pintura:

Hasta que por fin queda la superficie limpia de pintura. Todo apunta a que lo he dejado bien:

Tras esto, desmonto el conjunto de la fresadora y lo monto todo de nuevo en el cabezal del torno, poniendo el mayor cuidado a la hora de montar los rodamientos axiales, de forma que no se cuelen virutas ni otras partículas que descentren algo. Además, previamente al montaje, estuve repasando todos los casquillos y piñones, retocando con lima cualquier marca o abultamiento que observaba, resultados de los golpes de los diversos montajes y desmontajes a golpes que han sufrido.
Aprovecho para dejar los casquillos de bronce apretados en su alojamiento a su justa medida, actuando en cada uno con las dos tuercas anulares que lo sujetan al cabezal, de forma que el husillo gire con libertad, pero sin juego.
Hago una pequeña prueba mecanizando y rectificando una pieza y midiendo los bailes radial y axial y la cosa ya pinta mucho mejor. No obstante, voy a repasar la tuerca y contratuerca del extremo izquierdo, que son las que hacen de tope del rodamiento axial izquierdo. Está claro que es muy conveniente que estas queden apretadas de forma que quede bien perpendicular al eje el costado derecho de la que está en contacto con el rodamiento.
Para ello debo repasar las dos superficies planas de ambas, que están hechas un verdadero desastre, como consecuencia de los muchos golpes que han recibido para su montaje y desmontaje, como ya he comentado.
Para asegurar que el resultado del repaso es bueno, me preparo un elemento de prueba que es un disco de metacrilato con unos muelles que, colocado en lugar del rodamiento axial, me permita verificar si la pareja tuerca y contratuerca se puede dejar bien alineada, es decir, de forma que una vez bien apretadas la una contra la otra, la cara plana derecha gire quedando toda ella en el mismo plano vertical. Cuando se aprietan entre sí una pareja de tuercas roscadas sobre el mismo eje, por la holgura de la rosca, la pareja puede quedar ladeada o alineada. Si aún no se ha apretado fuerte una tuerca contra la otra, con unos golpecitos de mazo se puede modificar la posición en que quedan. Si en una de ellas queda bien alineada, lo que se puede verificar con un comparador, se pueden apretar y dejar bien.
Pero como las dos están muy mal, quiero poder comprobar cada una por separado según la vaya repasando. Para esto es el artilugio, que con sus muelles me podrá mantener una de las tuercas sujeta mientras le paso el comparador girando el plato. Recorto un disco de metacrilato y lo repaso en el torno. Primero le hago un taladro central, lo sujeto por fuera de las garras con un tornillo y tuerca y le hago el cilindrado exterior. Luego lo sujeto entre las garras y le hago el mandrinado:

En el propio torno (usado como divisor) le hago tres taladros a 120 grados y me preparo tres juegos de casquillos tornillos y muelles:

Para de esta forma, poder montar una de las tuercas y verificar su alineación con el comparador:

Una foto del estado inicial del las tuercas. Bueno no es el inicial porque ya les había dado varios repasos con lima, intentando aplanar los abultamientos laterales originados por los golpes en los alojamientos para la llave. Aún así se aprecian claramente esas deformidades, fruto de la barbarie:

Para dejarlas bien, decidí prepararme un soporte para la afiladora y hacerlo en esta. Parto de un trozo de barra de 70 mm de diámetro:

A la que le hago un cuello de 20, que irá cogido con pinza y portapinzas en el divisor de la afiladora:

Le doy la vuelta y le hago una rosca idéntica a la del husillo principal:

Monto este soporte en el divisor de la afiladora y le doy una pasada de refrentado, con la idea de ya no desmontar el soporte hasta haber terminado el rectificado de las tuercas:

Compruebo que el plano queda bien. El comparador oscila menos de media centésima:

Y aquí voy haciendo con cada tuerca varios ciclos de repasado, consistentes en montarla en el soporte de la afiladora, ajustando una de las caras con la de este, para a continuación refrentar la otra con la muela, de forma que las dos caras de la tuerca queden paralelas. Luego la desmonto y monto en el husillo del torno, tras el dispositivo con los muelles. Aquí verifico si se puede dejar en una posición en que el comparador no muestre variación al girar el plato, indicando que la tuerca ha quedado bien alineada. Cuando una tuerca se rosca en su tornillo, las holguras permiten que quede derecha o torcida. Pero si la holgura es pequeña, como lo es en estas dos tuercas, que van bastante ajustadas, si la cara está torcida, es posible que no se pueda conseguir que las caras planas queden perfectamente perpendiculares al eje del husillo.
Esta es la idea del cacharro de metacrilato con los muelles: permite dejar fija la tuerca en determinada posición y verificar con el comparador, a ver si con unos golpecitos de mazo existe alguna posición en el que al girar el plato el comparador no oscila:

Si veo que una cara queda bien, vuelvo a montar la tuerca en la afiladora y rectifico la otra cara, quedando las dos bien paralelas. Si veo que queda mal, verifico la zona que más sobresale de una cara y la rebajo a mano, con lima, volviendo a probar y repasar hasta que veo que queda bien.
De esta manera, con bastante paciencia, con cada cara repasada voy rectificando la contraria. El resultado final es que ambas tuercas quedan con las caras bien planas, paralelas entre sí y suficientemente perpendiculares al eje de la rosca, de forma que, finalmente se puedan apretar bien una contra la otra sobre el husillo quedando la cara derecha bien perpendicular al eje del plato:

Aspecto final de ambas tuercas:

Cada una quedó con un espesor unas 8 o 10 centésimas menor que el inicial. Ningún problema.
Lo monto todo, poniendo el mayor cuidado de que los distintos elementos queden sin partículas atrapadas, aprietando las dos tuercas una contra la otra, dejándolas de forma que el husillo quede sin holgura axial, pero sin que apenas queden aprietados los rodamientos axiales.
Y pruebo el resultado. El baile axial, poniendo un comparador apoyado contra el extremo del mango de una fresa cogida en el plato y poniendo en marcha el torno: oscila menos de media centésima:

Y el baile transversal, tras hacer un cilindrado en una pieza y rectificarlo, lo mismo: menos de media centésima:

¡Todo un éxito! ¡Este cabezal ya no es lo que era! ¡¡Biennnnn!!
Desde que hice esto, lo noto sobre todo al centrar piezas. Antes me volvía loco, porque el comparador marcaba en unas vueltas lecturas muy diferentes de en otras, de forma que no había manera de dejar una pieza bien. Ahora esto ya no pasa, afortunadamente.