CAP 03
He notado algunos cambios en el transcurso del hilo pero no sé a ciencia cierta que ha pasado.
Decíamos ayer… que un accidente me había despojado de la cámara de video y otro del portátil con mis cosas: No mandé yo mis barcos a…Por lo tanto he repetido, de forma simulada, los pasos para que os hagáis una idea.

Tenemos hecho el pivote del extremo del eje correspondiente al piñón y ahora repetimos el proceso para el otro extremo. Este hay que sujetarlo por el propio piñón en la pinza y debemos apretar suavemente. El eje sobresale demasiado y no podremos aplicar la herramienta de corte sin correr el riesgo de romperlo o doblarlo. Utilizamos un soporte en el contrapunto, una “linterna” creo, para apoyar y dejar mecanizable sólo la punta del eje.

Después aplicamos la misma técnica usada en el otro extremo para rebajar, pulir y bruñir, comprobando el diámetro del pivote directamente en en el buchón.

También podemos hacer medidas de los pivotes, para que queden iguales.

Una vez realizados los pivotes hay que volver a ensamblar o “clavar” nuestra rueda de escape de la forma indicada anteriormente para desenclavarla. Buscamos un orificio en la mesa donde entre parte del eje y quede apoyado por el resalte del piñón, centramos el orificio y volvemos a colocar el eje e introducimos la rueda de escape.

Este es el momento de las equivocaciones pues si colocamos la rueda al revés, las espigas del áncora no encontraran las caras de impulso de los dientes de la rueda. Una pequeña marca al desmontar o estudiar la rueda y su funcionamiento es la solución para encontrar la posición correcta.

Ahora para clavar de nuevo la rueda necesitamos batir un poco el metal que está circundando al eje. Tomamos un punzón un poco redondeado en la punta y con un orificio por el que entre sin holgura y no prieto el eje. Ya vemos que la punta del punzón elegido va a entrar en contacto, de forma progresiva, con el metal de la rueda en el lugar apropiado.

Unos golpecitos, cuestión de tacto, con ese precioso martillito y el metal se “expande” apretándose de nuevo contra el eje.

Y este es el resultado final de nuestro trabajo hasta ahora:

Desde aquí os animo a que le “metáis mano” a estas pequeñas máquinas. El taller ocupa poco espacio. Mi mujer dice que no y tiene razón como siempre. Yo lo tengo ubicado en un buró (francés=bureau=oficina) como podéis ver, y una vez que se cierra la persiana desaparece el lugar de trabajo…pero podéis constatar que yo voy añadiendo cajas importantísimas alrededor… y al final: la riña.

El trabajo no es sucio o no debe serlo. Produce un gran sosiego. Hasta los entes animados de “sangre azul” lo utilizaron como “hobby”. Sin ir más lejos: Luís XVI de Francia; aunque éste tuvo un pequeño percance mientras lo afeitaban y le hicieron un cortecito en el cuello con una cuchilla un poco grande: La puerta-sin-batiente que cita Carpentier (El siglo de las luces).
Hasta la próxima entrega. Os adelanto que el muchacho, al final, se casa con la muchacha porque los padres dan su consentimiento; los Capuletos se rinden y Romeo entra de ATS en un lazareto-franquicia.
Un saludo:
Dédalo